Los cambios de clima forman parte de la vida cotidiana. El paso del calor al frío, las lluvias repentinas, los días secos, el aumento de la humedad o las variaciones de temperatura entre la mañana y la tarde pueden modificar las rutinas familiares y hacer que los padres presten mayor atención a la salud de sus hijos.
- ¿Por qué los niños pueden ser más sensibles a los cambios de clima?
- ¿El frío realmente provoca resfriados?
- Vestirlos correctamente: ni demasiado ni muy poco
- La ropa mojada debe cambiarse
- Hidratación: no solamente es importante cuando hace calor
- Alimentación: no existen alimentos mágicos para evitar enfermedades
- El sueño también protege su bienestar
- Lavarse las manos sigue siendo una de las medidas más importantes
- Evitar compartir objetos cuando alguien está enfermo
- Ventilar los espacios interiores
- ¿Qué hacer cuando el ambiente está muy seco?
- Congestión nasal: medidas sencillas pueden ayudar
- Cuidado con los medicamentos para el resfriado
- Niños con asma: atención especial ante los cambios ambientales
- Alergias estacionales: no todo es un resfriado
- Actividad física: los niños también necesitan salir
- La protección solar también importa cuando cambia la temporada
- Vacunas al día: una herramienta fundamental de prevención
- ¿Cuándo puede quedarse en casa y cuándo consultar?
- Señales de alarma que no deben ignorarse
- Evitar dos extremos: sobreproteger e ignorar
- Una rutina sencilla para los días de clima cambiante
Durante estas épocas es frecuente escuchar frases como “se enfermó por el cambio de clima” o “salió sin chamarra y se resfrió”. Sin embargo, es importante aclarar algo: el frío o un cambio de temperatura no son, por sí mismos, la causa de un resfriado. Los resfriados y muchas otras infecciones respiratorias son provocados por virus. Lo que sí ocurre es que las condiciones ambientales, el tiempo que pasamos en espacios cerrados, la circulación estacional de determinados virus y factores como el aire frío o seco pueden influir en los síntomas y en la exposición a enfermedades.
Además, algunos niños son particularmente sensibles a determinados cambios ambientales. El clima frío, por ejemplo, puede actuar como desencadenante de síntomas en niños con asma.
Por ello, más que intentar evitar cualquier cambio de temperatura, la mejor estrategia consiste en adaptar los cuidados infantiles al ambiente, mantener buenos hábitos de higiene y alimentación, respetar el descanso y reconocer oportunamente las señales de alarma.
¿Por qué los niños pueden ser más sensibles a los cambios de clima?
El organismo infantil todavía se encuentra en desarrollo. Los bebés y los niños pequeños, además, dependen de los adultos para regular aspectos tan básicos como su ropa, hidratación, alimentación y protección frente al ambiente.
En condiciones de frío intenso, por ejemplo, los niños pueden perder calor corporal más rápidamente que los adultos debido al menor tamaño de su cuerpo.
También existe otro factor importante: durante los primeros años los niños tienen un contacto constante con microorganismos nuevos. Guarderías, escuelas, fiestas, parques y actividades extracurriculares facilitan la convivencia cercana con otros pequeños.
La Academia Americana de Pediatría explica que las infecciones pueden propagarse fácilmente entre los niños mediante las manos, juguetes y otras superficies que tocan después de llevarse las manos a la nariz o los ojos.
Por esta razón, cuando coinciden cambios estacionales con una mayor circulación de virus respiratorios, pueden aumentar los episodios de tos, congestión, fiebre y malestar.

¿El frío realmente provoca resfriados?
El resfriado común es una infección viral. Por tanto, salir al exterior en un día frío o mojarse durante la lluvia no crea un virus dentro del organismo.
Sin embargo, las estaciones y las condiciones ambientales sí pueden modificar nuestra conducta. Cuando hace frío o llueve pasamos más tiempo en espacios cerrados, donde puede existir un contacto más estrecho con otras personas.
También hay virus cuya circulación presenta patrones estacionales.
La prevención del resfriado se centra especialmente en medidas destinadas a reducir la transmisión de microorganismos, como el lavado de manos y la limpieza de superficies de contacto frecuente.
Así que abrigar adecuadamente a un niño es importante para su comodidad y para prevenir los efectos del frío, pero la chamarra no sustituye las medidas de prevención de infecciones.
Vestirlos correctamente: ni demasiado ni muy poco
Cuando las temperaturas cambian considerablemente durante el mismo día, vestir a los niños por capas resulta práctico.
En una mañana fría pueden necesitar una prenda adicional que después pueda retirarse cuando aumente la temperatura.
En días muy fríos pueden utilizarse varias capas ligeras de ropa, además de prendas adecuadas para proteger manos, pies y cabeza cuando las condiciones lo requieren. La Academia Americana de Pediatría recomienda utilizar varias capas ligeras para ayudar a mantener a los niños calientes y secos, además de cambiar inmediatamente la ropa mojada.
Pero también hay que evitar el extremo contrario.
Abrigar excesivamente a un niño cuando hace calor puede hacerlo sentir incómodo y favorecer una temperatura corporal demasiado elevada.
La ropa debe seleccionarse de acuerdo con:
- La temperatura ambiental.
- La edad del niño.
- El nivel de actividad física.
- Si estará en interiores o exteriores.
- La presencia de lluvia o viento.
- La duración de la exposición.
El objetivo es mantenerlo cómodo, no envolverlo en capas innecesarias.
La ropa mojada debe cambiarse
Después de jugar bajo la lluvia, caminar por charcos o realizar alguna actividad en la que la ropa termine mojada, es recomendable cambiarla.
Esto adquiere todavía más importancia en ambientes fríos, porque la humedad facilita la pérdida de calor corporal.
La recomendación no se debe a que la ropa mojada produzca directamente una infección respiratoria, sino a la necesidad de conservar una temperatura corporal adecuada y evitar una exposición innecesaria al frío.
Hidratación: no solamente es importante cuando hace calor
Los padres suelen prestar mucha atención al consumo de agua durante el verano, pero pueden olvidarlo cuando baja la temperatura.
Los niños necesitan mantenerse adecuadamente hidratados durante todo el año.
Cuando están enfermos, la hidratación adquiere todavía más importancia. La fiebre y la respiración acelerada pueden aumentar la pérdida de líquidos, mientras que una adecuada ingesta ayuda a mantener las secreciones respiratorias menos espesas.
En días calurosos hay que ofrecer líquidos con mayor frecuencia, particularmente cuando los niños realizan actividad física.
La exposición prolongada a temperaturas elevadas combinada con deshidratación puede llegar a provocar enfermedades relacionadas con el calor.
En bebés, las necesidades de alimentación e hidratación son diferentes a las de los niños mayores, por lo que deben seguirse las indicaciones del pediatra.
Alimentación: no existen alimentos mágicos para evitar enfermedades
Una preocupación frecuente de los padres durante los cambios de estación es “subir las defensas”.
Aunque una alimentación adecuada contribuye al funcionamiento normal del organismo, ningún alimento aislado puede garantizar que un niño no contraiga un resfriado, influenza u otra infección.
En lugar de buscar productos milagro, suplementos innecesarios o grandes cantidades de una vitamina específica, es preferible mantener una alimentación variada que incluya, según la edad:
- Frutas.
- Verduras.
- Cereales integrales.
- Leguminosas.
- Fuentes adecuadas de proteína.
- Grasas saludables.
- Agua.
Los suplementos vitamínicos no deberían administrarse indiscriminadamente. Si existe sospecha de una deficiencia nutricional, bajo peso, alimentación muy restrictiva u otra situación particular, debe consultarse con el pediatra.
El sueño también protege su bienestar
Cuando comienzan las clases, cambian los horarios o llegan las vacaciones, las rutinas de sueño pueden alterarse.
Mantener horarios razonablemente constantes ayuda a que los niños descansen adecuadamente.
Una buena rutina nocturna puede incluir disminuir estímulos antes de dormir, mantener un ambiente tranquilo y evitar que las actividades escolares o recreativas reduzcan continuamente las horas de descanso.
Además, cuando un niño se encuentra enfermo, permitirle descansar ayuda a que el organismo dedique energía a la recuperación.
Lavarse las manos sigue siendo una de las medidas más importantes
Puede parecer demasiado sencilla, pero la higiene de manos continúa siendo una herramienta fundamental para disminuir la propagación de microorganismos.
Los niños deberían acostumbrarse a lavarse las manos, especialmente:
- Antes de comer.
- Después de ir al baño.
- Después de sonarse la nariz.
- Después de toser o estornudar.
- Al regresar de determinados espacios públicos.
- Cuando estén visiblemente sucias.
También es conveniente enseñarles a toser o estornudar en un pañuelo desechable o en la parte interna del codo, en lugar de hacerlo directamente sobre las manos.
Estas pequeñas conductas pueden acompañarlos durante toda la vida.
Evitar compartir objetos cuando alguien está enfermo
Los niños pequeños comparten prácticamente todo: juguetes, alimentos, botellas y objetos personales.
Cuando existe una infección respiratoria en casa, conviene aumentar las precauciones.
No es recomendable que los niños enfermos compartan vasos, cubiertos, cepillos de dientes, toallas o chupetes.
Las superficies que se tocan constantemente también pueden limpiarse con mayor frecuencia.
Esto no significa convertir la casa en un ambiente completamente estéril. El objetivo es mantener hábitos razonables de higiene para disminuir la transmisión.
Ventilar los espacios interiores
Cuando hace frío existe la tentación de mantener puertas y ventanas cerradas durante todo el día.
Sin embargo, los espacios interiores también necesitan una ventilación adecuada.
Siempre que las condiciones ambientales lo permitan, renovar el aire de las habitaciones puede formar parte de una rutina saludable, especialmente en lugares donde conviven varias personas.
También es importante evitar el humo del tabaco alrededor de los niños. La exposición al humo puede irritar las vías respiratorias y resulta particularmente problemática para pequeños con enfermedades respiratorias.
¿Qué hacer cuando el ambiente está muy seco?
El aire seco puede aumentar las molestias nasales y de garganta en algunos niños.
Un humidificador de vapor frío puede ayudar a aliviar temporalmente la congestión y la tos seca en determinadas situaciones. Sin embargo, debe utilizarse correctamente.
La Academia Americana de Pediatría advierte que los humidificadores necesitan limpieza y mantenimiento adecuados porque pueden acumular moho, bacterias y minerales. También señala que los humidificadores de vapor frío suelen considerarse más seguros para los niños pequeños que los aparatos de vapor caliente debido al riesgo de quemaduras.
Por tanto, más humedad no siempre significa mejor.
Si se utiliza un humidificador, deben seguirse estrictamente las instrucciones del fabricante y mantenerlo fuera del alcance de los pequeños.
Congestión nasal: medidas sencillas pueden ayudar
Una nariz congestionada puede hacer que un niño duerma peor, se encuentre irritable y tenga dificultades para alimentarse, especialmente cuando es pequeño.
La solución salina nasal puede utilizarse para ayudar a eliminar las secreciones en determinadas situaciones. MedlinePlus también menciona los humidificadores de vapor frío entre las medidas que pueden aliviar la congestión, siempre que se limpien correctamente.
En bebés, la limpieza nasal debe realizarse con técnicas apropiadas y evitando productos no indicados para su edad.
Si la congestión es persistente o se acompaña de otros síntomas importantes, debe consultarse con el profesional de la salud.
Cuidado con los medicamentos para el resfriado
Que un medicamento pueda comprarse sin receta no significa que sea apropiado para cualquier niño.
Los medicamentos para la tos y el resfriado requieren especial precaución en la población infantil. Algunos productos pueden no ser eficaces y otros pueden representar riesgos dependiendo de la edad.
MedlinePlus señala que los medicamentos de venta libre para la tos y el resfriado no parecen ser eficaces en los niños, mientras que la Academia Americana de Pediatría recomienda consultar antes de administrar determinados productos.
Los padres tampoco deben administrar antibióticos por su cuenta ante una tos o resfriado. Los antibióticos combaten determinadas infecciones bacterianas, pero no eliminan los virus responsables del resfriado común.
Niños con asma: atención especial ante los cambios ambientales
Los cambios de clima adquieren una relevancia particular en niños con asma.
Entre los posibles desencadenantes de síntomas asmáticos se encuentran el polvo, moho, polen, humo de tabaco, infecciones virales y cambios climáticos, especialmente el tiempo frío.
Por ello, los padres de niños con asma deben conocer cuáles son los desencadenantes particulares de su hijo y seguir el plan de tratamiento establecido por su profesional de salud.
Síntomas como sibilancias, tos persistente, dificultad para respirar o sensación de opresión requieren atención.
Un niño con un diagnóstico de asma no debería suspender ni modificar su tratamiento simplemente porque se encuentre en una temporada del año en la que normalmente presenta menos síntomas.
Alergias estacionales: no todo es un resfriado
Estornudos, congestión y escurrimiento nasal no siempre significan que el niño tenga una infección.
Las alergias también pueden provocar congestión y rinorrea.
Si los síntomas aparecen repetidamente en determinados meses, después de estar al aire libre o al entrar en contacto con polvo, plantas, animales u otros desencadenantes, conviene comentarlo con el pediatra.
Distinguir entre una infección y una alergia es importante porque el manejo puede ser diferente.
Actividad física: los niños también necesitan salir
El miedo a que “se enfermen por el clima” no debería conducir a mantener a los niños encerrados durante semanas.
La actividad física y el juego forman parte de una infancia saludable.
Lo importante es adaptar las actividades a las condiciones ambientales.
En días de calor intenso pueden programarse juegos al aire libre durante las horas menos calurosas, ofrecer líquidos regularmente, utilizar ropa ligera y buscar zonas con sombra.
Durante episodios de frío intenso, hay que utilizar ropa apropiada y establecer descansos para que los niños puedan calentarse en interiores.
Y cuando existen condiciones meteorológicas extremas, contaminación ambiental importante o alertas emitidas por las autoridades, lo recomendable es adaptar o posponer las actividades.

La protección solar también importa cuando cambia la temporada
Uno de los errores habituales es relacionar el protector solar únicamente con el verano o la playa.
La radiación ultravioleta puede estar presente aunque la temperatura sea agradable o el día parezca fresco.
Por ello, cuando los niños realizan actividades al aire libre conviene considerar las medidas de protección solar apropiadas para su edad y las condiciones del día, además de buscar sombra y utilizar ropa adecuada.
Vacunas al día: una herramienta fundamental de prevención
Una buena estrategia de cuidado infantil no puede centrarse exclusivamente en ropa, alimentación y remedios caseros.
Mantener actualizado el esquema de vacunación recomendado para la edad constituye una de las medidas preventivas más importantes.
Los padres deberían revisar periódicamente la cartilla de vacunación y consultar al profesional de la salud sobre las vacunas correspondientes, incluidas aquellas cuya recomendación puede depender de la edad, temporada o factores de riesgo particulares.
¿Cuándo puede quedarse en casa y cuándo consultar?
Un resfriado leve generalmente puede manejarse en casa con descanso, líquidos y vigilancia de los síntomas.
Pero los padres deben observar cómo se comporta el niño en conjunto, no solamente un síntoma aislado.
Es conveniente solicitar valoración médica cuando existe preocupación por el estado general del pequeño o cuando los síntomas empeoran en lugar de mejorar.
MedlinePlus recomienda buscar atención ante problemas respiratorios y señala que un resfriado que empeora o no mejora después de aproximadamente 7 a 10 días merece valoración.
Señales de alarma que no deben ignorarse
Independientemente de si hace frío, calor o está cambiando la temporada, determinadas manifestaciones requieren atención inmediata.
Entre ellas se encuentran:
- Dificultad importante para respirar.
- Hundimiento visible del pecho o cuello al respirar.
- Coloración azulada, grisácea o morada en labios o piel.
- Respiración anormalmente rápida o con gran esfuerzo.
- Pérdida del conocimiento.
- Convulsiones.
- Somnolencia extrema o dificultad para despertar.
- Signos importantes de deshidratación.
- Deterioro rápido del estado general.
La dificultad respiratoria en un niño siempre debe tomarse seriamente. MedlinePlus incluye el hundimiento de los músculos del pecho con cada respiración y los cambios de coloración en labios, encías, uñas o piel entre los signos que requieren atención médica urgente.
En bebés pequeños, los umbrales para consultar pueden ser diferentes, especialmente ante fiebre, dificultades para alimentarse o cambios en la respiración. Por ello, debe seguirse la orientación específica del pediatra.

Evitar dos extremos: sobreproteger e ignorar
Los cambios de clima suelen provocar dos reacciones opuestas.
Por un lado están quienes intentan impedir que los niños salgan, jueguen o tengan contacto con el exterior cada vez que baja la temperatura.
Por otro, quienes consideran que cualquier síntoma respiratorio es insignificante.
Ninguno de los extremos resulta ideal.
Los niños pueden continuar con muchas de sus actividades habituales si están sanos y las condiciones ambientales son apropiadas. Al mismo tiempo, los adultos deben observar cambios importantes en su comportamiento, respiración, hidratación y estado general.
La prevención no consiste en crear una burbuja alrededor del niño, sino en proporcionarle hábitos saludables y un entorno razonablemente seguro.
Una rutina sencilla para los días de clima cambiante
Antes de salir de casa puede ser útil revisar la temperatura prevista y las condiciones del día. Una chamarra ligera, impermeable o cambio de ropa puede resultar útil cuando existe posibilidad de lluvia o una disminución importante de temperatura.
Al regresar, el niño puede lavarse las manos y cambiarse la ropa si está mojada.
Durante el día, hay que procurar que tome suficientes líquidos, mantenga una alimentación variada y tenga oportunidades para jugar y descansar.
Por la noche, conviene observar si aparecen congestión, tos, fiebre u otros síntomas y evitar administrar medicamentos innecesarios por cuenta propia.
Son acciones pequeñas, pero sostenidas diariamente pueden facilitar mucho el cuidado familiar.
Los cambios de clima no tienen por qué convertirse en una temporada de preocupación permanente para las familias.
Aunque las variaciones de temperatura y humedad pueden influir en el bienestar infantil y determinados factores ambientales pueden desencadenar síntomas —especialmente en niños con asma o alergias—, muchas de las enfermedades respiratorias comunes son causadas por microorganismos y no simplemente por “haber pasado frío”.
Por eso, proteger a los niños requiere una estrategia integral: vestirlos de acuerdo con el clima, mantenerlos hidratados, ofrecer una alimentación equilibrada, respetar sus horas de sueño, fomentar el lavado de manos, evitar el humo del tabaco, mantener sus vacunas al día y observar posibles señales de alarma.
También es importante evitar la automedicación y recordar que no todos los cuadros de tos, congestión o fiebre requieren antibióticos.
Los niños necesitan explorar, jugar y convivir. Enseñarles desde pequeños hábitos de higiene y autocuidado les proporciona herramientas que serán útiles mucho más allá de una temporada de frío o lluvia.
Cortesía de

Fuentes
American Academy of Pediatrics. (s. f.). Cómo evitar la propagación de enfermedades en la guardería o centro de cuidado infantil. HealthyChildren.org. HealthyChildren.org
American Academy of Pediatrics. (2022). Cómo mantener a los niños seguros en el frío del invierno. HealthyChildren.org. HealthyChildren.org
American Academy of Pediatrics. (s. f.). Medidas para contrarrestar los gérmenes. HealthyChildren.org. HealthyChildren.org
Biblioteca Nacional de Medicina de los Estados Unidos. (s. f.). Asma en niños. MedlinePlus. MedlinePlus en español
Biblioteca Nacional de Medicina de los Estados Unidos. (s. f.). Resfriado común. MedlinePlus. MedlinePlus en español
Biblioteca Nacional de Medicina de los Estados Unidos. (s. f.). Rinorrea o congestión nasal en niños. MedlinePlus. MedlinePlus en español
Nota final
Este artículo tiene fines informativos y de divulgación y no sustituye la valoración de un pediatra. Las recomendaciones pueden variar según la edad, antecedentes y estado de salud de cada niño. Ante dificultad para respirar, cambios en la coloración de labios o piel, alteración importante del estado de conciencia, signos de deshidratación o cualquier síntoma que genere preocupación, se debe buscar atención médica.
