¿Qué causa un infarto? Factores de riesgo, señales de alerta y formas de prevención

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Un infarto puede presentarse de forma repentina, pero en la mayoría de los casos es el resultado de un proceso que se desarrolla durante años. El colesterol elevado, la hipertensión, la diabetes, el tabaquismo y otros factores pueden dañar progresivamente las arterias hasta dificultar el paso de la sangre hacia el corazón.

El término médico más utilizado es infarto agudo de miocardio. Se produce cuando una parte del músculo cardíaco deja de recibir suficiente sangre y oxígeno. Si el flujo sanguíneo no se restablece rápidamente, las células de esa zona comienzan a lesionarse y pueden morir.

Comprender qué causa un infarto, cuáles son sus síntomas y qué factores aumentan el riesgo es fundamental para actuar a tiempo. La atención inmediata puede reducir el daño al corazón y aumentar considerablemente las posibilidades de supervivencia.

¿Qué sucede en el corazón durante un infarto?

El corazón es un músculo que necesita recibir sangre rica en oxígeno de manera continua. Esta sangre llega a través de las arterias coronarias, unos vasos sanguíneos que recorren la superficie del corazón.

Cuando una arteria coronaria se obstruye, el área del corazón que depende de ella deja de recibir el oxígeno necesario. En pocos minutos puede comenzar el daño del tejido cardíaco.

La gravedad del infarto depende de varios factores:

  • El tamaño de la arteria afectada.
  • El lugar donde ocurre la obstrucción.
  • El tiempo que permanece interrumpido el flujo sanguíneo.
  • La rapidez con la que el paciente recibe tratamiento.
  • La presencia de enfermedades cardiovasculares previas.
  • El estado general de salud de la persona.

Por esta razón, ante una sospecha de infarto cada minuto cuenta.

La principal causa: la enfermedad de las arterias coronarias

La mayoría de los infartos se relaciona con la enfermedad de las arterias coronarias, también conocida como cardiopatía coronaria.

Esta enfermedad aparece cuando se acumulan colesterol, grasas, calcio y otras sustancias en las paredes internas de las arterias. Esta acumulación forma depósitos llamados placas de ateroma.

El proceso se conoce como aterosclerosis y puede avanzar lentamente durante muchos años sin provocar síntomas evidentes.

Con el tiempo, una placa puede:

  • Aumentar de tamaño y estrechar la arteria.
  • Limitar el paso de sangre hacia el corazón.
  • Inflamarse y volverse inestable.
  • Romperse de manera repentina.

Cuando una placa se rompe, el organismo intenta reparar la lesión formando un coágulo. Sin embargo, ese coágulo puede crecer hasta bloquear parcial o completamente la arteria coronaria.

Si la circulación no se restablece con rapidez, se produce el infarto.

¿Un infarto siempre ocurre por colesterol elevado?

No necesariamente. El colesterol elevado es uno de los principales factores que favorecen la aterosclerosis, pero generalmente el infarto es el resultado de la combinación de varios elementos.

Una persona puede tener mayor riesgo debido a:

  • Presión arterial alta.
  • Diabetes.
  • Tabaquismo.
  • Sobrepeso u obesidad.
  • Sedentarismo.
  • Antecedentes familiares.
  • Enfermedad renal.
  • Edad.
  • Alimentación poco saludable.

También es posible tener colesterol alto sin saberlo, ya que normalmente no causa síntomas. Por eso son importantes los análisis de sangre y las revisiones médicas periódicas.

Factores de riesgo que pueden modificarse

Algunos factores relacionados con el infarto pueden prevenirse, tratarse o mantenerse bajo control.

Tabaquismo

Fumar daña el revestimiento de las arterias, favorece la inflamación, aumenta la formación de coágulos y reduce la cantidad de oxígeno que transporta la sangre.

El humo de segunda mano también puede afectar la salud cardiovascular. Abandonar el tabaco es una de las medidas más importantes para reducir el riesgo de infarto.

Hipertensión arterial

La presión arterial elevada obliga al corazón a trabajar con mayor esfuerzo y daña progresivamente las paredes de los vasos sanguíneos.

La hipertensión suele desarrollarse sin síntomas, por lo que una persona puede tenerla durante años sin saberlo. Medir la presión con regularidad permite detectarla y controlarla oportunamente.

Colesterol y triglicéridos elevados

El exceso de colesterol LDL, conocido popularmente como colesterol “malo”, favorece la formación de placas en las arterias.

Los triglicéridos altos también pueden relacionarse con un mayor riesgo cardiovascular, especialmente cuando se presentan junto con diabetes, obesidad abdominal o niveles bajos de colesterol HDL.

Diabetes

La glucosa elevada puede dañar los vasos sanguíneos y los nervios relacionados con el corazón.

Además, algunas personas con diabetes pueden presentar síntomas menos evidentes durante un infarto, lo que retrasa la búsqueda de atención médica.

Sobrepeso y obesidad

El exceso de peso, particularmente la acumulación de grasa alrededor del abdomen, se relaciona con hipertensión, resistencia a la insulina, diabetes y alteraciones del colesterol.

No es únicamente el número de la báscula lo que importa, sino la distribución de la grasa corporal y la presencia de otras alteraciones metabólicas.

Sedentarismo

La falta de actividad física favorece el aumento de peso y dificulta el control de la presión arterial, la glucosa y el colesterol.

Realizar ejercicio de manera regular, adaptado a la condición física y a las indicaciones médicas, ayuda a proteger la salud cardiovascular.

Alimentación poco saludable

Una alimentación con exceso de sal, grasas saturadas, grasas trans, azúcares añadidos y productos ultraprocesados puede contribuir al desarrollo de hipertensión, obesidad, diabetes y colesterol elevado.

Una dieta variada, rica en verduras, frutas, leguminosas, cereales integrales y fuentes saludables de proteína favorece el cuidado del corazón.

Consumo excesivo de alcohol

El exceso de alcohol puede elevar la presión arterial y los triglicéridos, provocar alteraciones del ritmo cardíaco y contribuir al aumento de peso.

No debe comenzarse a beber alcohol con la idea de proteger el corazón.

Estrés persistente

El estrés no suele ser la única causa de un infarto, pero puede influir indirectamente al aumentar la presión arterial, alterar el sueño y favorecer conductas como fumar, comer en exceso o abandonar la actividad física.

Una situación de estrés emocional intenso también puede desencadenar problemas cardíacos en personas vulnerables.

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Factores que no pueden modificarse

Existen características que no pueden cambiarse, pero conocerlas permite establecer una vigilancia más adecuada.

Edad

El riesgo cardiovascular aumenta con la edad debido al desgaste progresivo de las arterias y a la acumulación de factores de riesgo.

Sin embargo, un infarto no es exclusivo de los adultos mayores. También puede presentarse en personas jóvenes, especialmente cuando existen tabaquismo, diabetes, obesidad, alteraciones hereditarias del colesterol o consumo de determinadas drogas.

Antecedentes familiares

Tener familiares cercanos que sufrieron enfermedad cardiovascular a edades tempranas puede indicar una predisposición genética.

Los antecedentes familiares no significan que necesariamente ocurrirá un infarto, pero justifican un control médico más cuidadoso.

Sexo y cambios hormonales

El riesgo y la forma de presentación pueden variar entre hombres y mujeres. Después de la menopausia aumenta el riesgo cardiovascular en muchas mujeres.

Además, los síntomas femeninos no siempre siguen el patrón clásico de dolor intenso en el pecho, por lo que es importante conocer otras señales de alerta.

Otras causas menos frecuentes de infarto

Aunque la aterosclerosis y los coágulos son las causas más habituales, un infarto también puede producirse mediante otros mecanismos.

Espasmo de una arteria coronaria

Una arteria puede contraerse intensamente y reducir de manera temporal el flujo de sangre. Este espasmo puede aparecer incluso cuando no existe una obstrucción importante por colesterol.

El tabaquismo y el consumo de determinadas sustancias pueden favorecerlo.

Disección espontánea de una arteria coronaria

Ocurre cuando se forma una separación o desgarro en las capas de la pared arterial. Esto puede bloquear la circulación hacia una parte del corazón.

Es una causa poco frecuente, pero puede afectar a personas jóvenes y a mujeres sin los factores de riesgo tradicionales.

Coágulo procedente de otra zona

En ciertos casos, un coágulo puede desplazarse por la circulación y llegar a una arteria coronaria, provocando una obstrucción.

Desequilibrio entre el oxígeno disponible y el que necesita el corazón

Algunas enfermedades graves pueden hacer que el corazón necesite más oxígeno del que recibe, incluso sin una obstrucción coronaria completa.

Esto puede suceder en situaciones como:

  • Anemia grave.
  • Presión arterial extremadamente alta o baja.
  • Alteraciones importantes del ritmo cardíaco.
  • Infecciones graves.
  • Insuficiencia respiratoria.
  • Pérdida considerable de sangre.

Consumo de drogas estimulantes

Sustancias como la cocaína y otras drogas estimulantes pueden producir espasmos coronarios, hipertensión, alteraciones del ritmo cardíaco y formación de coágulos.

Su consumo puede desencadenar un infarto incluso en personas jóvenes.

¿Cuáles son los síntomas de un infarto?

La señal más conocida es el dolor o la presión en el centro del pecho. Puede sentirse como opresión, peso, ardor o una sensación de que algo comprime el tórax.

El malestar puede extenderse hacia:

  • Uno o ambos brazos.
  • Hombros.
  • Espalda.
  • Cuello.
  • Mandíbula.
  • Parte superior del abdomen.

Otros síntomas posibles incluyen:

  • Dificultad para respirar.
  • Sudor frío.
  • Náuseas o vómitos.
  • Mareo.
  • Debilidad repentina.
  • Palidez.
  • Sensación intensa de ansiedad.
  • Latidos irregulares.
  • Desmayo.

Los síntomas pueden aparecer durante el esfuerzo o en reposo. Algunas personas tienen molestias intensas, mientras que otras presentan señales leves o poco específicas.

El infarto en las mujeres

Las mujeres pueden experimentar dolor en el pecho, pero también pueden presentar síntomas que se confunden con cansancio, indigestión o estrés.

Entre ellos se encuentran:

  • Falta de aire.
  • Náuseas.
  • Dolor en espalda, cuello o mandíbula.
  • Cansancio inusual.
  • Mareo.
  • Sudoración.
  • Debilidad sin explicación.
  • Alteraciones del sueño.

Esta variabilidad puede hacer que algunas mujeres tarden más en solicitar ayuda. Cualquier síntoma repentino, intenso o inusual debe ser valorado de inmediato.

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Infarto y paro cardíaco no son lo mismo

Aunque estos términos suelen utilizarse como sinónimos, describen problemas diferentes.

El infarto es principalmente un problema de circulación: una parte del corazón no recibe suficiente sangre.

El paro cardíaco es un problema eléctrico en el que el corazón deja de latir de forma eficaz. La persona pierde el conocimiento, no responde y no respira normalmente.

Un infarto puede desencadenar un paro cardíaco, pero no todos los infartos lo causan y no todos los paros cardíacos se deben a un infarto.

En ambos casos se trata de emergencias médicas.

¿Qué hacer ante una sospecha de infarto?

Ante síntomas compatibles con un infarto se debe llamar inmediatamente al número local de emergencias.

No es recomendable:

  • Esperar a que el dolor desaparezca.
  • Conducir personalmente al hospital si existe otra alternativa.
  • Automedicarse.
  • Restar importancia a los síntomas.
  • Acostarse con la esperanza de sentirse mejor.
  • Demorar la atención para consultar primero en internet.

Los servicios de emergencia pueden iniciar la evaluación y el tratamiento durante el traslado. Llegar pronto a un hospital permite realizar un electrocardiograma, análisis de sangre y otros estudios para confirmar o descartar el diagnóstico.

La aspirina no debe tomarse automáticamente sin indicación del personal de emergencias o de un profesional, ya que puede estar contraindicada en algunas personas o en padecimientos que producen síntomas similares.

¿Cómo se diagnostica?

La evaluación médica puede incluir:

  • Historia clínica.
  • Exploración física.
  • Electrocardiograma.
  • Análisis de troponinas y otros marcadores cardíacos.
  • Radiografía de tórax.
  • Ecocardiograma.
  • Angiografía coronaria.
  • Tomografía u otros estudios, según el caso.

El electrocardiograma permite observar la actividad eléctrica del corazón, mientras que las troponinas ayudan a detectar daño en el músculo cardíaco.

En algunos pacientes es necesario visualizar directamente las arterias coronarias para identificar el lugar de la obstrucción.

¿Se puede prevenir un infarto?

No todos los casos pueden evitarse, pero una parte importante del riesgo cardiovascular puede reducirse mediante prevención y tratamiento oportuno.

Las principales medidas incluyen:

  • No fumar.
  • Controlar la presión arterial.
  • Revisar periódicamente la glucosa.
  • Conocer los niveles de colesterol y triglicéridos.
  • Mantener una alimentación equilibrada.
  • Realizar actividad física regularmente.
  • Mantener un peso saludable.
  • Dormir lo suficiente.
  • Limitar el consumo de alcohol.
  • Aprender a gestionar el estrés.
  • Seguir correctamente los tratamientos prescritos.
  • Acudir a revisiones médicas periódicas.

Las personas con antecedentes familiares o enfermedades crónicas pueden necesitar estudios y controles más frecuentes.

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La importancia de la tecnología cardiovascular

Los avances en cardiología intervencionista han mejorado la capacidad para diagnosticar y tratar obstrucciones coronarias. Catéteres, guías, balones, stents y otros dispositivos médicos permiten realizar procedimientos mínimamente invasivos que pueden restablecer el flujo sanguíneo hacia el corazón.

Estas tecnologías deben ser seleccionadas y utilizadas por especialistas dentro de instituciones de salud autorizadas.

CARDIOSAFE es una empresa mexicana especializada en tecnología médica para el área cardiovascular. Su labor consiste en poner a disposición de los profesionales intervencionistas insumos y soluciones tecnológicas para la atención de enfermedades vasculares, estructurales y relacionadas con alteraciones del ritmo cardíaco.

La participación de proveedores especializados como CARDIOSAFE forma parte del ecosistema tecnológico que respalda el trabajo de los médicos y hospitales. Sin embargo, la valoración, el diagnóstico, la elección del tratamiento y el seguimiento corresponden siempre al equipo sanitario responsable de cada paciente.

Un infarto ocurre cuando el flujo de sangre hacia una parte del corazón se interrumpe durante el tiempo suficiente para producir daño en el músculo cardíaco. La causa más frecuente es la formación de un coágulo sobre una placa de colesterol que se rompe dentro de una arteria coronaria.

El tabaquismo, la hipertensión, el colesterol elevado, la diabetes, el sedentarismo y la obesidad aumentan el riesgo, aunque también existen causas menos frecuentes que pueden afectar a personas sin el perfil cardiovascular tradicional.

Reconocer las señales de alerta y buscar ayuda inmediata es fundamental. No se debe esperar a que el dolor sea insoportable ni asumir que se trata únicamente de indigestión, ansiedad o cansancio.

La prevención comienza con revisiones periódicas, control de los factores de riesgo y hábitos saludables. Al mismo tiempo, la innovación médica y el acceso a tecnología cardiovascular especializada continúan fortaleciendo la capacidad de los profesionales para atender estas emergencias.

Cortesía de

Fuentes

Nota 

Este artículo tiene fines educativos e informativos y no sustituye una consulta, diagnóstico o tratamiento médico. Ante dolor u opresión en el pecho, dificultad para respirar, sudor frío, desmayo u otros síntomas compatibles con un infarto, se debe llamar inmediatamente al servicio local de emergencias. No se recomienda esperar, conducir personalmente ni automedicarse.

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